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Comarca de las Cinco Villas
:: 2018 ::

La despoblación, ese dilema urbano

 

Roza ya la centuria  de las primeras voces que denunciaban la  previsible despoblación rural. Fueron soslayadas. Quizá la sombra de la autarquía, la ignorancia inducida  y falta de una visión global orilló esta reivindicación.

Pasados los años  se asumió la vida en los pueblos, vista desde las urbes,  como un icono costumbrista en el que abuelos y padres seguían cultivando la huerta. La biología ha hecho el resto. Aquellos seres rurales han desaparecido y se ha roto el cordón umbilical a sus raíces. Los ascendientes de los pobladores urbanos suministraban dosis de placebo rural afectivo que ya se ha descompuesto de forma irremediable.

Ahora  el mundo rural vive la tercera ley de Newton y líbrenos la fortuna de aprendices de brujo, de neo rurales, del fin de semana  y de otros virtuosos que con mejor voluntad  que talento intentan descifrar la solución.

La despoblación rural es un denominador común en todo el planeta y no deben ser las excepciones las que guíen las políticas que intentan retener lo inevitable, o los  mensajes  chalaneros de corto vuelo y de fácil recuento de votos.

Se ven y oyen  a cientos de personas pedir que se haga algo para frenar la despoblación pero ¿qué hacemos para repoblar? La tasa de natalidad lleva décadas  descendiendo (poco más de 1 hijo por familia) Si discriminamos por zonas la rural está desolada. La solución es inasequible y lo sabemos.

En ese grito contra la despoblación quizá se mezclen cosas posibles y otras no, que si no se disciernen nos llevarán, como hasta ahora, a la melancolía y la frustración.

Construyamos ciudades vivibles en las que la igualdad de género es más favorable o en donde el estudio y  las oportunidades de los hijos está garantizada además del mejor acceso a la sanidad.

Demasiada energía y talento estamos derrochando en una empresa baldía, gritándonos a nosotros mismos, siendo cada vez menos.

¿Están dispuestos los habitantes de las ciudades a mantener el auténtico coste del mundo rural? Todo indica que es técnicamente inviable y  es dudoso  que aquellos que son remisos  a pagar impuestos sean a la vez sensibles a mantener solidariamente a sus semejantes y que es, en definitiva, el meollo de la cuestión.