Ayer domingo era el día grande de las fiestas de Ejea en el que los ejeanos visten sus mejores galas y es el momento de mayor sentimiento religioso.La procesión de la mañana y de la noche, junto a la misa son claro ejemplo de ello.
Año tras año se incrementa la procesión de la ofrenda de flores que desde primeras horas de la mañana congrega a un buen número de ejeanos que, bajo una buena organización, recorren el Paseo del Muro hasta llegar a la plaza de la Oliva en la que se celebra la misa a su Virgen patrona. La cuadrilla encargada de la custodia y del ornamento de la Virgen recoge, a sus pies los ramos y frutos que una serpenteante columna de devotos que participan, muchos de ellos, con sus ricos trajes tradicionales. El resto del día transcurría con los obligados vermús, las comidas familiares y la tarde de toros y ferias.
Respecto a la corrida de toros la salsa la puso El Cordobés que salió a hombros y cuya simpatía y ganas de agradar estuvo por encima del arte del toreo y más por encima todavía de sus compañeros de terna, Fran Rivera y un decrépito Ortega Cano.
Queda por delante toda una semana de fiestas que es una maratón para el bolsillo y para el cuerpo ya que los actos populares y en la calle jalonan todas las horas del día.