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¿Déficit o Inversión en el transporte público?

Saber utilizar las palabras es el primer paso para dominar la escena de la comunicación.
Recordar que se pagan impuestos y que hay asuntos públicos que son deficitarios suele llevar a la conclusión de que hay que prescindir de ese servicio a favor de otros más rentables. En un mundo obnubilado por el pensamiento neocon hay que defender y explicar con nitidez a la opinión pública las políticas sociales o de solidaridad del territorio y sus gentes a base de un déficit económico que, tiempo después, generan beneficio.
Las palabras, las ideas, son las mejores armas para ese escenario de confrontación.
La sanidad pública es deficitaria, pero nos iguala a todos; pero tengamos, además, claro que una sociedad con mala salud, su rentabilidad económica es un desastre.
La educación pública es deficitaria, pero nos iguala a todos y nos permite progresar y ser competitivos en el mundo de la economía y del bienestar, generando mayor beneficio que el invertido.
El transporte público es deficitario, pero evita la discriminación entre los ciudadanos y permite equilibrar un territorio y sus habitantes para seguir desarrollando de forma sostenible el máximo de sus recursos propios para generar riqueza.
Dejar de invertir en Sanidad supone peor calidad y por tanto una huída de los pacientes a otros servicios privados, más caros y más discriminatorios si es que los pueden pagar.

Dejar de invertir en Educación es bajar la calidad de la enseñanza y por tanto derivar, a quienes pueden pagarla, a la privada para que sean ellos, la élite, quienes gobiernen en un futuro cercano como hicieron hasta un pasado también cercano.
Reducir las líneas de transporte público en nuestro territorio es darle una vuelta de tuerca más a la ya maltrecha relación impuestos-servicios que padecen nuestros ciudadanos del mundo rural, con el agravante de que se ensaña con los más débiles por edad o por economía. Ofrecer peor servicio en el transporte de viajeros (autobuses viejos, líneas obsoletas, incremento del tiempo, pésima atención, ...) se traduce en una baja del número de usuarios y esta bajada de usuarios en menos inversión y peor servicios; y así sucesivamente hasta que ese movimiento centrípeto desaparece en algún punto.

 

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