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Julián, el pastor

Julián Caudevilla recibió hace unos días la medalla de oro de su pueblo natal; ese pueblo, Ejea, que él lleva siempre por delante de su persona.
Julián, en las palabras de agradecimiento en un abarrotado salón de plenos del ayuntamiento, comenzó recordando quién era y de dónde venía. Julián comenzó diciendo, como otras muchas veces, “yo, que era pastor …”.


Un pastor que ha llegado a empresario carismático y que, sin abandonar ese origen, ha sabido ganarse el respeto y el cariño de mucha gente, mucho más allá de su pueblo natal.
Pocos días antes otro empresario ejeano, Jesús Mena, daba las gracias a otro nutrido grupo de personas en la inauguración de una de sus empresas. Él, junto con su familia, comenzó su discurso recordando que eran pastores y que no renunciaban a ello. Esas palabras las dijo delante del propio presidente del gobierno de Aragón, otro pastor.
No solamente a las empresas crematísticas se les debe el triunfo personal. Otro pastor ha conseguido ganar para él y para otros la batalla de la dignidad personal. Félix Lahuerta ha sido y es la pieza clave de la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados; una asociación que lucha desinteresadamente por demostrar que la persona es lo más importante y que ya fue  medalla de oro de la villa.
La lista de este noble y difícil oficio, maldito por la Biblia en la figura de Caín pero dignificado por Saramago, no acaba aquí en la enumeración de sus seguidores ejeanos.
Hace no mucho nos dejó otro ilustre pastor que dedicaba su sabiduría a escudriñar la rica historia de Ejea. Por este y otros motivos fue el cronista oficial de la villa, Félix Sumelzo; él mismo colaboró sobre  el  libro  "la vida de  los pastores de Ejea".
El hecho de citar estos nombres implica la injusticia de dejar a otros sin reseñar y que poseen tantas cualidades como lo aquí nombrados; los hay, incluso, más anónimos aún que la soledad que les acompaña. Hay ejemplos como el pastor que en un sacrificio supremo llega a dejar su atajo de ovejas para que sus hijos lleguen a ser lo que ellos ya no podrían, viendo la satisfacción, por ejemplo, de ser uno de sus hijos el consejero de economía más brillante que ha tenido Aragón: Eduardo Bandrés; y tantos otros.
Julián Caudevilla tiene, por mérito propio, la autoridad suficiente para decir lo que quiera y, quizá sin saberlo,  ha elevado la figura del pastor a la categoría que se merece.
Julián Caudevilla no renuncia a sus valores, a sus principios, a sus orígenes. Julián es un ejeano que no necesita sellos notariales ni adjetivaciones para demostrarlo. Gracias a Julián, los pastores tienen su medalla de oro.

 

 

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