La manifestación del pasado 19 de julio que se desarrollo también en Ejea de los Caballeros contra las recortes del Gobierno deja varias reflexiones.
Una de ellas puede ser la forma con la que se hizo; una puesta en escena con viejos manuales un tanto desfasados. Y no es menos cierto que la participación no anduvo resuelta en número y tampoco respecto a las arengas coreadas que se hicieron incómodas para algunos participantes. Una participación trufada entre parados (no muchos a tenor de los que hay registrados), de funcionarios (de los que faltaban unos cuantos) y de la sanidad y enseñanza aderezada con la presencia de alumnado y con políticos de izquierdas. La lectura, en ocasiones improvisada, de los manifiestos dejó la duda de cómo se había preparado.
Estar totalmente de acuerdo con esta manifestación convocada en contra de los absurdos recortes de este incongruente Gobierno no quita para opinar que la puesta en escena se ha quedado por detrás de lo que la realidad necesita. La manifestación se parecía más a la procesión de las fiestas, en donde es en sí el espectáculo, que a un compromiso social ante una difícil situación del país y de sus ciudadanos.
Otra reflexión, más de fondo que de forma, es sobre la falta de sensibilidad en una parte de la sociedad ante hechos tan graves y serios. La indolencia y la apatía desembocan en la desidia y ésta a su vez en el desprecio. No es bueno que la sociedad reduzca su forma de protesta a la ordinariez del insulto generalizado; el insulto a todos los políticos, a todos los sindicatos, a todos los funcionarios, a todos los banqueros y por definición a TODO. Esta forma de actuar, cada vez más generalizada, define la impotencia y la falta de argumentos para solucionar los problemas que solo lleva al embrutecimiento de la sociedad. Gran culpa tiene la “alta” clase política por no cortar de raíz los escándalos y corruptelas pero eso no justifica eliminar el sistema político que tenemos al igual que no se justificaría la desaparición de la banca por culpa de una cuadrilla de directivos sin escrúpulos o marcar a toda una familia porque uno de sus miembros es un criminal.
La organización de una protesta como la del 19 de julio deberá de tener otros alicientes para que sea un rotundo éxito de participación; aún así prefiero esa manifestación antes que la incuria de muchos ciudadanos que se esconden, legítimamente, en la frase “no me siento representado”.
Valero Benavente Beamonte