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Comarca de las Cinco Villas
:: Opinión ::

La limpieza del monte es un asunto de Estado

Hace muchos años que se abandonó el monte. La industrialización provocó la mejora de vida en las urbes y por consiguiente el abandono de la agricultura y la ganadería en las zonas más deprimidas de nuestro territorio pero que son los pulmones que aún nos quedan. Esto ha provocado una situación que se prevé difícil de revertir. Décadas atrás se utilizaba el monte como medio complementario de la vida rural. En ocasiones su utilización rozó la sobreexplotación aunque esa fue la excusa para pasar al otro lado del péndulo. Su explotación permitía vivir y mantener vivo el bosque o el sobremonte; gracias a su cultivo las capas freáticas abastecían las fuentes y manantiales; gracias al pastoreo proliferaban las semillas y se evitaban incendios además de contar con los propios indígenas a pie de llama.

Hoy el monte con su sobrecarga de combustible es un auténtico bidón de gasolina y hay una relación directa en los últimos años en los que se ha invertido más dinero en cuadrillas, medios mecánicos, aéreos e incluso en limpieza de montes a la vez que se han producido los incendios más devastadores. Algo falla.
Tras los graves incendios de Uncastillo y Teruel se habló de “cuadricular” Aragón con cortafuegos; hasta hoy. Los cortafuegos además de hacerlos hay que mantenerlos.

Una de las soluciones que nunca ha hecho la Administración (ninguna de ellas) ha sido reconvertir la PAC “agroambiental” en un instrumento de fijación y dignificación del entorno rural y de sus habitantes; de mantener la agricultura de montaña, que es equivocadamente “menos rentable” y de un oficio, el de pastor, del que pocos ya saben cómo hacerlo. El gobierno aragonés, como otros, ha estado durante años gorroneando las ayudas a las cuadrillas de montes en vez de controlarlas condenando así a los pocos habitantes de nuestro territorio que aún pueden mantener los pueblos; esos pueblos a los que les gusta volver en fin de semana o en vacaciones. La propia PAC ha primado el abandono de las tierras.

Nos estamos jugando algo más que el paisaje o la caza. Nos estamos jugando el ecosistema y nuestro futuro más inmediato.

Los viejos del lugar, los agentes forestales, los ingenieros agrónomos y la gente con sentido común entienden todo esto. ¿Por qué no se hace?

 

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