Conocer las retribuciones de los cargos públicos y su patrimonio es lo menos que pueden pedir los ciudadanos y los menos que deben hacer los primeros. Pero raramente hay casos que así lo hagan. No es nada nuevo, los romanos ya lo hacían. Y también ahora, en países con mayor tradición democrática que el nuestro.
Para salir de la actual crisis política – de la económica ya veremos- habría que dar un ejemplo de honradez y transparencia.
Hablar del rescate de la banca sin pasar por la quilla a sus responsables es no querer ver el verdadero problema ni escuchar al pueblo. Muchos consejos de administración y altos cargos con escandalosos sueldos deberían devolver lo cobrado, investigar su patrimonio y purgar su mala gestión. Eso afecta a políticos, sindicatos, empresarios y a esa otra clase social (lacra social) que dice que “no entra en política”.
Pero para predicar en este páramo hay que hacerlo con las manos llenas de trigo, limpio.
Concejales y diputados que no declaran sus ingresos ni subscriben un código ético mientras que otros invitan a la clase trabajadora a una huelga general con la consiguiente pérdida de sueldo a la vez que lanzan misivas solidarias de las que se desconoce su destino, o Instituciones que aprueban crear comisiones de buen gobierno como garantía de que no harán nada, o gobiernos que nunca cumplirán compromisos serios que satisfagan a los ciudadanos que viven al otro lado del foso de los leones.
La falta de compromiso con la realidad y la falta de ejemplaridad son los males que persiguen a los políticos por quienes pasa, guste o no y a pesar de todo, la solución de nuestros problemas; pero quizá con otros porque muchos de los que ahora están pueden estar demasiado contaminados. La solución es difícil de ejecutar pero todo apunta a que no hay otra salida.
La falta de ejemplaridad y transparencia es la carcoma de la democracia y el vivero del populismo.