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Comarca de las Cinco Villas
:: Opinión ::

Patxi López

Ser socialista en el País Vasco implica fuertes convicciones; quizá la dureza con la que se vive allí permita mantener la tensión ideológica y de los más altos valores.

Las formas, en ocasiones, casi siempre, delatan el fondo y aunque no sea una ciencia exacta, orientan la mirada a una lectura clara de la realidad. La llegada a la lendakaritza de Patxi López ha tenido ya cambios en las formas. Ha cambiado un juramento arcaico y retórico por un juramento laico; ha hecho desaparecer la Biblia y el crucifijo ante un compromiso que formula a la sociedad, a los ciudadanos, y no al yugo inquisitorio. No solo ha provocado ese cambio si no que además ha sustituido en su toma de posesión el sonido del chistu y el tambor por un sonido más delicado como el oboe y la lectura delicada de poemas. Una forma más de intentar soltar poco a poco amarras que atan a la política de ese territorio. Todo ello no significa que López vaya a perseguir a los cristianos ni a celebrar akelarres con las santas escrituras y mucho menos desterrar del folklore vasco el chistu, pero sí que ha querido con estos gestos dejar de ser rehén de la más rancia tradición de los guradis.
Ser socialista en el resto del país, en Aragón por ejemplo, no implica tanto compromiso ideológico. Se les besa la mano a los obispos, se baja la cabeza cuando bendicen y, a la Iglesia, al poder de la Iglesia, se le permite todo tipo de tropelías intelectuales. Un alcalde socialista le pone el nombre del autor de “Camino” a una calle en la católica Zaragoza y se pierde la razón laica en espectáculos procesionales que rozan la fanfarria entre un estruendo de fondo que nos acerca cada vez más a las cuevas de Atapuerca. Los cargos políticos de este país laico siguen prometiendo y jurando ante la Biblia y el crucifico y van diluyendo su esencia y sus compromisos en aras de lo “políticamente correcto”.
El todo empieza siempre por poco y, poco a poco se llega al Todo.

 

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