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Comarca de las Cinco Villas
:: Opinión ::

La bolsa y la hacienda

  Desde que la PAC entro en la vida de la UE, al igual que otras políticas excesivamente intervencionistas de otros países en materia agraria, la agricultura ha ido zozobrando. Años buenos en precios (pocos) han sido el “cebo” para que los productores agrarios siguieran en el sector, y que combinados con años y políticas reduccionistas en esos precios les han abocado a una situación insostenible. Al margen del análisis de mercado y de gestión hay que abordar otros aspectos totalmente olvidados de la política agraria hecha por los propios agricultores. Nos referimos a la inexistente política informativa y pedagógica del sector que ha tenido que soportar incluso los ataques de gran parte de la sociedad que les ha arrinconado a un escaparate en el que la subvención es su mejor cartel de fachada.
  El sector primario nunca ha invertido ni un solo euro, antes pesetas, en buscar aliados intelectuales que cambiasen el abyecto pensamiento que sobre el sector se iba formando en la sociedad. Los argumentos del mundo rural son formidables si se saben exponer, pero nunca se plantean correctamente por culpa de la estrategia segmentada por los intereses del propio sector. Un sector que es por definición, individualista; llegando en ocasiones a recrearse en un egoísmo exacerbado en donde el bar ha sido uno de los terrenos de juego preferidos parar ver quien pujaba y “ la echaba más gorda”.
Hoy tenemos a los agricultores en la calle, pero siguen sin hacer los deberes. Su protesta tiene menos minutos de presencia en los informativos de los medios de comunicación nacionales que el más cutre suceso de tercera categoría. Sus protestas están tan fuera de contexto que llegan a provocar la salida de los urbanitas a las carreteras, para ver el folklórico colorido de sus tractores.
  Los agricultores y sus representantes sindicales están fuera de onda. Hay otros métodos más allá de las tractoradas a las que solo les queda ya ser incluidas en los números circenses de las ferias rurales o como espectáculo etnográfico en las fiestas de los pueblos.
A  hor5a bien, como dato curioso se observa desde cualquier atalaya que algunos dirigentes y administradores agrarios han incrementado sustancialmente su patrimonio mientras a sus administrados les flaquea la bolsa, el ánimo y la hacienda.

 

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