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Comarca de las Cinco Villas
:: Opinión ::

La Política y los regantes

Democratizar una institución que maneja un bien público, como el agua, es algo absolutamente necesario.

 En este convulso mes de noviembre ha quedado claro que la iniciativa política del ayuntamiento de Ejea ha sido fundamental para abrir las ventanas y airear (se supone) el olor a nostalgia, en un estamento como el de los regantes. Los hechos transcurridos en estos días han dado mucho juego para todo tipo de opiniones aunque comparar la forma democrática de elegir a un alcalde con un presidente de los regantes es, cuando menos, poco riguroso y denota falta de rodaje en la vida pública. Rey caido
No obstante el golpe de autoridad moral de la política ha sido un paso imprescindible para iniciar la regeneración de un sistema de gestión presidencialista que tenía, en la falta de crítica su peor aliado y que le servía para retroalimentarse con viandas cada vez más contaminadas . La renovación ad hoc de los estatutos y la holgada interpretación de sus artículos y cálculos habían pervertido el funcionamiento transparente de esta Institución, la Comunidad General de Regantes, que es una corporación de Derecho Público tutelada por otra administración en la que abrir las ventanas costará algo más.
El intento del ya expirado presidente de acelerar y provocar su reelección ha precipitado el compromiso político del alcalde de Ejea con todos sus votantes de democratizar aún más la comunidad nº V y por defecto la Comunidad General, aunque haya tenido que cambiar el orden de los factores sin alterar el producto.

 Los ayuntamientos han entendido que, como el caso de Ejea y Tauste, siendo los grandes propietarios de tierras de regadío del Sistema no pueden hacer dejación de sus funciones a la hora de gestionar sus intereses ( los de todos los vecinos) como hasta ahora había sucedido siendo ellos por tanto culpables, en parte, de la situación a la que se había llegado. En el caso de Ejea ha sido el propio pleno municipal por unanimidad de todos los grupos políticos (PP, PAR, PSOE e IU) quien ha apostado por esa inyección de democracia que pasa por el reajuste de estatutos.
Ahora bien, los ayuntamientos no deberían intervenir con claves políticas a la hora de controlar el reparto del agua más allá de lo que les corresponda por ser simples propietarios aunque sin abandonar esa tutela sobrevenida para garantizar una transparencia total.
De hecho sería ejemplarizante que ningún concejal ostentase , como hasta ahora ha sido, cargos de presidencias, ni síndicos ni otras actividades que tuviesen relación directa en la gestión y el desarrollo diario de las comunidades de regantes.
Durante los últimos meses la dirección de la Comunidad General ha ido serpenteando la realidad creyendo estar amparada por fatuos aliados políticos y vetustas instituciones, buscando desesperadamente el apoyo de las comunidades de base a través de “gestiones” más propias de otras latitudes.
El ayuntamiento de Ejea, su alcalde, se ha visto obligado a ejecutar un pacto que venía siendo incumplido desde hace tiempo, dejando claro que los pulsos al poder democráticamente elegido son peligrosos para quien los juega porque tarde o temprano los pierde.

 

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