EjeaNoticias
Comarca de las Cinco Villas
:: Opinión ::

Yesa: agua y demagogia

Hablar sobre asuntos relacionados con el agua es siempre complicado. Son muchas las variables que hay que encajar para, primero, proyectar una línea nítida de discusión y para mantener un argumentario que no se disperse en un pantano apestado de prejuicios. A partir de ahora volveremos a soportar cargas de caballería dialéctica y aún peor, a amenazas con utilizar la Justicia en asuntos que deberían resolverse por vía política y administrativa. Por si no queda claro se utilizará a afamados abogados  para intentar  amedrentar más. Hablamos, como no, de Yesa.

Uno de los  principales retos es manejar bien la semántica; hay quien la utiliza defectuosamente por desconocimiento y hay quien lo hace de forma torticera como ha sido, por ejemplo, en  la aprobación del impacto medioambiental del recrecimiento de Yesa, sobre el cuál se han levantado voces que ven deficiencias en la obra porque la secretaría de Medio Ambiente  no ha dictaminado en el asunto de las obras de un estribo de la presa, competencia exclusiva de la Secretaría de Medio Rural y Agua. Es como si se buscase el dictamen del médico de cabecera por encima del cardiólogo en asuntos de corazón.

La RAE aprobaba recientemente la acepción de pantano (por su mal pero continuado uso) como sinónimo de embalse. La diferencia no es nimia. La semiología influye en las palabras; el embalse es  un lago artificial, hecho por el hombre y para el hombre; el pantano nos lleva la mente a aguas putrefactas y traicioneras y así a marcar, inconscientemente, un perjuicio a esa masa de agua.

El uso, y en ocasiones el abuso, del sistema judicial viene a ser el otro de los campos en los que el tránsito es proceloso. El sistema jurídico español, garantista y acomplejado tras una fase inacabada de transición es utilizado por algunos como un aval  que paralice  cualquier acción administrativa y ciudadana sin coste alguno. El corpúsculo de “teóricamente” perjudicados por el embalse de Yesa no ha tenido rubor en vilipendiar durante años el honor y patrimonio de gentes, también altos cargos de la Administración, y  que han soportando vejaciones públicas (y siguen) para que al final hayan sido absueltos pero sin que nadie les haya redimido de ese calvario.

Los medios de comunicación, ramplones en temas hídricos, han comprado su conciencia con historias más propias de don Alonso y las pastoras, que de la cruel realidad del mundo rural; siempre tan olvidado, tan tutelado y ahora redescubierto por añoranzas bucólicas y condimentado por algún exceso eléctrico.

Pero la demagogia en un asunto de este calado no puede continuar impune en los medios de propaganda. Un reciente domingo de septiembre escribía el ínclito Perico, el que más arrojo tiene, un artículo sobre Sequía e inundación; nada nuevo solo que en el preámbulo del listado hace un juego comparativo (siempre imperfecto) de los embalses con el monedero de un mendigo. De entrada parece olvidarse de que al mendigo hay que darle el monedero lleno de monedas para que se administres aunque, de forma instintiva, te das cuenta de que no se fía del mendigo (porque se intuye que se  gastará el dinero). Su teoría de los embalses que regulan los ríos comienza al revés y llega a decir que en los años de sequía sobran embalses (pantanos); totalmente de acuerdo si esos embalses no han servido para regular y embalsar agua en el monedero del mendigo cuando la abundancia de monedas le ha pasado por la mano sin poder guardarlas. El Preclaro aboga entre otras cosas por las riberas y utiliza dichos de nuestros abuelos .. las escrituras del río… para hacer su particular pedagogía sobre riberas y meandros que no oímos cuando la ciudad de Zaragoza, reducto de iluminados hijos de Berdolé, no puso el grito en el cielo con la construcción de inmuebles en el Actur y menos con la Expo (la que iba a ser la ciudad de referencia mundial del agua y que ni siquiera tuvo su famosa carta en la agenda de la ONU). Perico reconoce que falta agua y la pregunta es que cuando la hay, cuando baja  por el río producto de la nieve, la lluvia o las tormentas, ¿que hacemos con ella?. Recuperando las máximas: del dicho al hecho hay un buen trecho.

Vienen otra vez tiempos duros para Yesa, quizá menos; pero tendremos que avituallarnos de razones y no de pasiones para atravesar ligeros el pantano de acusaciones, descalificaciones y denuncias que algunos, rayanos al fundamentalismo, intentarán sembrar arrogándose a una autoridad confesa que ellos mismos se atribuyen.

 

:: Más noticias ::